Y Llovió…

…Y llovió, profusa, constantemente

y el clamor del agua en los techos ensordecía

provocando escalofríos

y las almas azoradas rezaban

bajo su capa de compostura

…Y llovió tanto que la tierra se cimbró

con  clamores de piedra reblandecida

y la creación entera reverenciaba al cielo

con asombro

…Y llovió por mil días con sus noches

hasta que de golpe

como llegó se fue la lluvia

Cesó el estruendo y el fresco silencio mágico

fue partido por el canto de un ave

…Y se abrieron las puertas, las ventanas

tímidos pasos salieron con cuidado

El aire limpio cegaba las miradas

…Y como el primer día, en las primeras hojas

había gotas perfectas reflejando el azul

Espejos abombados, mudas promesas

gotas de agua clara presidiendo el festejo

presentes diminutos

para la nueva vida.

-Iliana.

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Trata de De Sonrisas en el Cielo y Licuados de Plátano.

El día 14 de enero de 2008, publiqué esto en este blog. Y lo traigo a colación ahora por dos razones que al final explicaré. Te invito a leer :)  

Cita

De Sonrisas en el Cielo y Licuados de Plátano.

 
 
 

Van dos noches ya que de regreso a casa me fintaba una sonrisa en el cielo. Yo no le hacía mucho caso al principio, sumida en mi embrollo de pensamientos. Pero me sorprendí sonriendo de regreso, como respondiendo al juego de la sonrisa que aparecía, se escondía tras las nubes y reaparecía, como queriendo captar mi atención. La segunda noche, en un cierto momento, la miré atentamente. Había conseguido su objetivo, yo seguía su juego y le sonreía, distrayendo mi mente de las varias disertaciones que antes la ocupaban. Me pareció que la sonrisa en el cielo era para mí, y que escondido en las sombras de la noche se mofaba el Gato de Cheshire de todas mis preocupaciones. Entonces recordé el diálogo de la película:

 

Alicia: "Sólo quiero saber qué camino debo tomar"

Risón: "Pues depende a dónde quieres ir tú"

Alicia: "Eso no importa"

Risón: "Entonces no importa el camino que escojas"…

 

“Siii, Gatito Risón. Sí importa el camino que escoja pero tienes razón, hoy no importa tanto. Habré de relajarme un poco, creo yo, tendré que hacerte caso.” –y todo esto lo decía en voz alta, como si Risón en verdad me estuviera tomando el pelo desde las nubes. Ahora que lo pienso, tal vez lo estaba, ¿no?  

Y para rematar, su sonrisa no me dejó enfocarme en la tarea de la universidad. Tuve que comenzar a buscarla en la red, y entonces descubrí, entre otras cosas, que Risón el Gato era de Cheshire, precisamente donde nació Lewis Carrol, porque por aquel entonces a los quesos de esa zona se les daba la forma de gato dibujándoles, además, una amplia sonrisa.

 

 

 

Y te recordé, abuela, cantando:

Luna, Luna mentirosa Luna,

Pálida como ninguna,

¿Cuándo has visto salir medio Sol?

 

 

 

Si quieres leer algo muy divertido y bien informado acerca de Alicia en el País de las Maravillas

 y Risón y muchos otros de sus personajes, sigue este link:

http://www.ciao.es/Alicia_en_el_pais_de_las_maravillas__Opinion_971931

 

***

 

Un niñito cumplió ayer once años. La pasó bien, partió un pastel y le cantaron Las Mañanitas. Pero antes de eso él temía que no fuera un cumpleaños tan feliz porque su fiesta la tendrá hasta el viernes entrante y su familia o le adelantó regalos o se los debe aún. Así, juega ya desde hace tiempo con un Nintendo que valió para  Reyes y cumpleaños; y espera el día 27 para ver la puesta en escena del Rey León. Pero justo ayer no… no pintaba muy bien el día… hasta que su hermana se levantó y deslizó bajo su puerta una nota hecha por ella, una tarjetita muy sencilla que decía: ¡Feliz Cumple! atte: Yo. Y luego, lo menos esperado: bajó ella a la cocina y preparó un licuado de plátano para ambos. Cuando la mamá de los dos despertó, se encontró a su hijito rebosante de felicidad. Le dio un abrazo mientras él decía: ¡Mira! y le mostraba la tarjetita, y le contaba atropelladamente del licuado de plátano, sosteniendo el vaso en el aire. Y la mamá pensó: no recordará tal vez ni el Nintendo ni cuándo vio el Rey León, pero este licuado de plátano regalado de cumpleaños por su hermana sí que lo recordará. 

 

Que en nuestras vidas no falten sorpresivos licuados de plátano. Amén.

 

Iliana.  =)

 

 

 **** 


La entrada original tuvo varios comentarios, algunos todavía hace poco. En ellos a veces distintas personas comentaron acerca del pedacito de canción que aparece citado debajo de la ilustración de la sonrisa del Gato Risón, ese pedacito que se refiere a la luna. Y bueno, pues hoy encontré más pedazos. Es una canción que mi abuela me cantaba cuando yo era niña y que me sabía pero desafortunadamente la fui olvidando. En fin, creo que falta todavía una estrofa pero lo prometido es deuda y prometí hacer una entrada si encontraba más datos, así que aquí está. No hay disponible información del autor; supongo que a estas alturas deberemos considerarla del dominio popular. Agradeceré mucho si alguien puede completarla: 


Luna, luna
mentirosa luna

pálida como ninguna
mira luna como vienes
por andar en tus laureles
‘ora vienes nomás la mitad.

Mi amor se
me fue

y no lo besé
nomás por tu culpa
contigo acabé
no te quiero ver
ya tengo un farol.

Luna, luna mentirosa, luna
pálida como ninguna, 
¿cuándo has visto salir medio sol? 

:)


La otra razón por la que quería volver a subir esta entrada es ésta: Hablaba de los sorpresivos licuados de plátano, y hacía votos porque nunca nos falten. Pues bien, precisamente esta entrada me trajo un muy sorpresivo regalo, la visita a mi blog de  una persona muy querida que a partir de entonces reanudó el contacto conmigo. Hoy es de las personas más importantes para mí, es mi amor y mi compañero. Y les aseguro que todos los días recibo de su parte una dosis virtual de sorpresa y dulzura, justo como la invocaba en la entrada. Gracias, vidi, por estar en mi vida. 

Y me despido reiterando lo que deseé entonces: 

Que en nuestras vidas no falten sorpresivos licuados de plátano. 

Amén. 


Iliana. 

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El Jardín Secreto

Será que llega de nuevo la primavera que los ecos traen voces remotas de juventud que apenas nace

de la niña que fui, que dejé de ser y soy, caminando por jardines con escaleras
con cadenciosa inocencia que brilla al sol del día, cuando no había más escondite que ese jardín
y los latidos claros del corazón que se desboca y las primeras mejillas rojas y la confusa turbación
en uniforme de escuela… 
Será que hoy hace calor, como en esos días en que los árboles olían a eucalipto 
y el aire tibio a hierba y humedad me acariciaba las piernas sobre las calcetas
al caminar sin prisa mientras ante mí se desvelaba ese misterio, el eterno masculino
mucho más frágil, vital y suave que como antes lo pintaban 
ese algo inquietante y trágico, desentonado y cómico que nacía de los intentos de embonar
de correr el postigo y abrir esa puerta
Será que a fin de cuentas las capas de compostura siempre me quedaron mal puestas 
y las raspadas del ego y el ánimo sanaron pronto por debajo de ellas, que no hay ni habrá
límites maneras buenas costumbres modales convenciones sociales que pongan real cortapisa 
al mareo de la mirada y las sonrisas compartidas con la sensación de la primera vez
al deseo sensual de vida que vive y rebulle sin límites y se desborda sobre todo lo demás
que hoy siento y revivo con el sabor de las paletas de cereza, del caramelo asoleado que se derrite 
y se combate, pegajoso, con la lengua y con los labios.
-Iliana
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Y el fauno flautista… ¡creció!

Hace trece años a esta hora estaba una señora esperando al doctor. Muchos sentimientos revueltos la hacían sonreír un instante y quejarse y alzar la voz al instante siguiente. Tenía ya un día completo en el hospital y el día anterior había estado intentando cooperar en todo y ansiando el momento en que el doctor le dijera que ya había llegado la hora de parir, pero nada… Oxitocina va y viene, monitores, el latido vigilado de un corazón diminuto, y las horas que se alargaban interminables entre el hambre, la risa, el llanto, el dolor físico discreto y las ganas de que doliera más de una vez, qué caray, no estaba la señora para tanta espera… Pero ese día, después de toda la odisea anterior y de haber medio dormido una noche, estaba determinada a volver a pasar lo que fuera con tal de que naciera su bebé y de que ella pudiera sentirlo nacer, así, sin anestesia. Sólo que Dios tenía pensado otra cosa… 

Cerca de las once se le acercó el doctor con cara de malas noticias. Le informó que su presión ya estaba demasiado alta y que habían comenzado a aparecer indicios de sufrimiento fetal, así que era necesario dejar de esperar y operar de una vez. Todo desde ese momento fue muy rápido para ella. Imágenes de enfermeras y camilleros, de doctores desconocidos que sin embargo le decían frases de aliento y nervios, esperanzas, un poco de tristeza por el cambio abrupto de planes… Luego, al inyección que en vez de dormir la zona media del cuerpo, le durmió de las rodillas a los pies. El bisturí que sintió, el grito ahogado, la alarma, doctor, ¡siento todo! Y el doctor diciendo que la anestesia se polarizó y que no habría más remedio que dormirla por completo. En fin, que así fue… La señora se fue perdiendo rápidamente de la conciencia, con un último pensamiento en la mente: Dios, que todo salga bien, cuida a mi bebé. 

Lo siguiente que supo fue que estaba en recuperación. Jamás intentó con más ganas despertar, jamás luchó tanto con las olas de sueño que volvían a cerrarle los ojos, y jamás antes o después anheló tanto poder hablar y moverse. Perdió la noción del tiempo pero de pronto una enfermera llegó y ella alcanzó a tomarla por la bata. Señorita, ¿nació bien? Sí, descanse, no se preocupe, su niño está bien y es precioso. ¿Cuándo podré verlo? ¡me urge! Tiene usted que descansar, ¿y cuándo me llevan a mi cuarto? ¡ya estoy bien! La llevamos cuando sienta sus piernas… Y la señora hacía lo posible por sentirlas pero nada, no sentía nada aún. Sin embargo la siguiente vez que pasó la enfermera volvió a prendérsele de la bata. Señorita, mintió, ya siento las piernas. ¿Segura? Sí, ¡segura! Camilleros otra vez, empújese señora, ayúdenos, y la señora que no sentía nada puso cara de esfuerzo. El tiempo elástico voló pero luego de lo que le pareció una eternidad, por fin cruzaba en su camilla la puerta de su cuarto y oyó a su padre decir. ¡Es un güerito lindo pelón, parece durazno! La señora estaba ya a punto de pedir que telefonearan al cunero y preparaba su mejor voz de trueno para e x i g i r que trajeran al nene cuando éste llegó, en brazos de una mujer afable y sonriente vestida de enfermera. Y el mundo se iluminó. 

 Mi dibujante, mi cuenta chistes, la voz de mi conciencia. Mi cuate, mi segunda alta o baja al cantar, antes fauno flautista, hoy adolescente de mil posibilidades. Simple como su madre, risueño a decir basta, el niño bueno que ahora estrena estridencias de carácter y un estilo cada vez más personal. Esta señora no podría estar más contenta, hoy hace trece años que Andrés llegó a la familia. Feliz cumpleaños, hijito. 

Tu mamá. 

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Placeres Rojos

 
 
 

Para el que fuiste

para el que ahora eres…

 

 

 

 

Te voy  a contar algo, algo muy singular que me sucedió durante mi “cena” de año nuevo. Cena está entre comillas porque, ya te platiqué, últimamente me la paso a dieta. Mi “cena” iba a consistir en una ensalada de espinacas con manzana, nueces y aderezo bajo en calorías.

 

Mis padres y unos amigos estuvieron toda la tarde en la cocina.  En una especie de ritual preparatorio para el fin de año, inventaron  y adornaron platillos y pequeñas charolas que llenaron con cuanta cosa se les cruzó por el camino. Yo entré un par de veces y pregunté si necesitaban ayuda, pero me dijeron que no, así que volví a mi recámara a leer para hacer una tarea de la universidad.

 

En una de las ocasiones que fui a la cocina, descubrí unas cerezas lindísimas en un plato. Probé una y… mmmm… delicia celestial: era la mejor cereza que he probado en mi vida. El sabor era total, concentrado, en su punto, fresco y delicioso…

 

La segunda vez que entré, las cerezas ya no estaban  sobre la mesa. Iba a preguntar por ellas pero algo me distrajo y me olvidé.

 

La familia decidió cenar frente al televisor para ver algunas películas. A mí me tocó poner la mesa. Escogí un mantel blanco y una vajilla alusiva a la ocasión. En un momento empezó el desfile de mis hermanos y mis papás, acomodando en ella lo que prepararon. Como se ocuparon de todo sin mí, me llevé una grata sorpresa al descubrir el arreglo cuando finalmente estuvo listo: sobre el mantel que puse estaban desplegados platitos y platones, armoniosos en su desorden, llenos de color. El verde de mi ensalada, resaltando el amarillo  y el rojo de las manzanas; salmón, con su color característico, salpicado del blanco de la clara y la cebolla, del verde oscuro de las alcaparras… Había un pastel de un apetitoso color café dorado, adornado con un ramo hecho de frutas de distintos tonos y sabores, y otras cosas. Y uvas, por supuesto. Rojas y redondas, esperando a ser comidas a toda prisa al tiempo de las doce campanadas del cambio de año.

 

En eso, mi vista que paseaba por la mesa se topó con una bandejita. Estaban ahí, con sus palitos al aire, cuidadosamente colocadas, perfectas bajo el caparazón de chocolate oscuro o chocolate con leche que le tocó a cada una: las cerezas. Tomé una del rabito, una con chocolate claro, la llevé a mi boca y la sentí sucumbir entre mis dientes. Era toda una explosión de sabor. Toda una experiencia sonora, táctil para mi boca… Se me inundó el cerebro de cereza. Era lo más exquisito que hubiera podido imaginar en ese instante. Pero faltaba probar una con chocolate oscuro…

 

Tomé una de la bandeja. La más redonda y la del rojo más apetitoso, asomándose apenas por el borde de su cobertura negra. Repetí el proceso con anticipado deleite y…

 

Pecaminosa… obscenamente exquisita. Invasión total de los sentidos. Disfrutable es poco. Era el deleite concentrado en forma de cereza. Y no cabe duda de que todos los placeres se conectan en algún punto… me vino a la mente una imagen, la imagen de la única forma en que esa cereza sería aún más apetecible: tomada de tu boca, en un beso. ¡MMMMM…!

 

¿Te imaginas poder compartir así esa delicia? Yo sí me lo imaginé y me quedé inmóvil. Cerré los ojos. Di rienda suelta a la película que corría tras mis párpados. Suspiré… la gloria completa… esa cereza y tu boca…

 

Terminé de comerla y aún tenía los ojos cerrados. Nadie reparó en eso, concentrados como estaban en la cinta en turno. Me perdí un momento, sintiendo todavía el sabor de la cereza y del chocolate, embelesada con mis ocurrencias. Fue en ese momento, antes de las doce, no pude esperar, cuando te envié un beso al aire. Un beso de cereza. Un beso de cariño con cereza. Un beso de deseo y de cereza…

 

Unos segundos más tarde, mi hermano volteó a verme. Empezó a reír. Me dijo que si iba a cenar una ensalada, era rarísimo verme sosteniendo el plato de las cerezas… yo me reí también. Le dije que tomara varias y que las demás las repartiera entre los comensales, porque cualquiera que quedara en un minuto me la iba a tener que comer. Así que eso hizo: me quitó la tentación de enfrente, todavía riéndose, y en menos tiempo que el que me tardo en platicártelo las cerezas habían desaparecido. Menos mal.

 

 

Te quiero, Corazón de Cereza…

 

 

 

 

 

                                              

 

 

 

 

 

 ******

 

Paz, Amor, Salud, Trabajo… lo demás lo vende García ;)

 

¡Muy feliz año 2009!

 

 

Iliana.

 

 

 

 

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Dioj Mío!!

 
 
Antes que nada, un abrazo a todos y todas quienes me escribieron en estos días deseándome feliz Navidad y enviándome sus bendiciones para el año que entra. Saben muy bien que siempre están en mi corazón y que esto no es dicho de dientes pa afuera, que lo siento hondo y que el cariño aquí está. Muchas felicidades para ustedes también, que Dios los bendiga y que disfruten tanto las fiestas como cada día de los nuevos 365 que estrenaremos pronto.
 
Honestamente ando perdidísima, no entiendo nada de nada de esto nuevo con lo que me topé ahora que reabrí este espacio, así que me perdonarán que de momento me dedique casi exclusivamente a tratar de entenderle a este nuevo windows life que aparentemente vino sólo a complicarnos la vida… ¿o será la reticencia natural a lo nuevo? Mmmm… no sé, pero creo que no se trata de eso. En fin, que en cuanto me encanche un poco subiré algo decoroso, prometo al menos intentarlo.
 
Los quiero y los extraño. Aquí andamos de nuevo.
 
Iliana.
 
 
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Pescetti, Frin y el Primer Beso

 
 
 

Shihuahuaa!! Se me han pasado los días como agua y no había podido encontrar de nuevo el hilo de este sitio. Pero aquí estoy de nuevo y decidí recomenzar la comunicación compartiendo con ustedes un pasaje de un libro inolvidable. Hace años fue ésta una de las primeras entradas en la Magia Cotidiana y hoy me parece buen día para recordarla.

 

Para quien piensa que sólo los autores "serios" valen la pena, les presento a Luis María Pescetti, locutor y cuenta cuentos, escritor de libros infantiles que destila belleza en cada una de las páginas que escribe.

 

Yo lo conocí por una afortunada casualidad. Hace tiempo en el salón de mi hija repartieron al azar libros de cuentos para que los niños hicieran su reporte mensual de lectura. A ella le tocó Frin, de Pescetti… y se confió y no lo comenzó hasta una tarde antes de la fecha en que tenía que entregar el reporte. Entonces me pidió ayuda, y hojeando el libro se me antojó comenzar a leerlo en voz alta. En unos minutos tenía a una pequeña audiencia de niños y adultos cautivada con la historia, y leí toda la tarde hasta terminar el libro. A todos nos encantó. Quedé un poco ronca pero valió la pena… es de esas historias que siempre recordaré con cariño. Si pueden consigan el libro, es una belleza.

 

Este pasaje narra la primera vez que Frin, el protagonista de la historia, se encuentra a solas con Alma, la niña que siempre le ha gustado, el tiempo suficiente para que la magia cotidiana les haga uno de sus regalos más asombrosos por primera vez. Los dejo con ellos…

 

 

 

"La noche era tan oscura y limpia y cargada de estrellas, que no sólo se veía el cielo, sino que se sentía el espacio. Con sus soles, cometas y planetas invisibles. Y que la Tierra es un astronauta flotando.

 

–Parece un cielo dibujado por Vera (dijo Frin susurrando).

–Es cierto…¿ves allá? (Alma).

–¿Qué cosa?

–Esa que parece una estrella, pero se mueve (Alma, bisbiseando).

–…no, no me doy cuenta cuál… (Frin, inclinándose hacia Alma, para ver lo que ella veía).

–…ésa (inclinó su cabeza hacia Frin, sin dejar de mirar el cielo)… ésa… ¿ves?

–Sí (Frin, sin regresar a su lugar, inclinado)… sí, es un satélite.

–Sí (sin alejarse de él).

Se quedaron como dos ramas, apoyadas una en la otra. Callados.

–¿Oyes? (musitó Frin).

–¿Qué cosa?

–… (Frin hizo una seña con la mano, abarcándolo todo).

–… (Alma asintió callada, con los ojos abiertos).

 

Era el silencio que bajaba con todos sus caballos, como juguetes de vidrio con agua adentro y era el silencio que bajaba con  sus caballos, como esos juguetes de vidrio, como el silencio con sus caballos blancos y oscuros, y esos juguetes con agua adentro, que cuando se dan vueltas cae la nieve. Así caían los caballos del silencio, rodeando la luz en que flotaba la noche. Y era la noche que caía como en esos juguetes de vidrio con agua adentro y copos blancos como de nieve que caen blancos y oscuros, y  todo tan quieto y tan lento y era la noche y eran los copos y alguna mano más grande que el mundo que estaría dando vueltas a su juguete de vidrio con agua adentro para ver cómo caen los copos de los caballos blancos y oscuros del silencio. Y cuando los copos llenaban el campo, la mano daba vuelta al juguete y subían; y era la mano que otra vez daba vuelta al juguete de vidrio con agua adentro para que los copos subieran con los caballos del silencio y la leche de la Luna que mira al gigante que juega para que Frin y Alma vuelvan a ver cómo caen los copos blancos y oscuros y es la cabeza de Alma que apenas se cansa, que se cansa un poco y descansa apenas descansa de que se cansa un poco en el hombro de Frin, y es el hombro de Frin que como dos ramas apoyadas una en la otra descansa un poco, apenas, en la cabeza de Alma. Y los copos volvieron a bajar y los rodearon de espirales blancos en el blanco o negros en el negro, y Frin pasó su brazo por el hombro de Alma. Y ella, como si hubiera esperado ese gesto desde toda la vida, desde que era bebé y estaba como esos juguetes de vidrio con agua adentro, que cuando se dan vuelta cae la nieve, se aflojó en el brazo de Frin. Mirando los copos blancos de los caballos del silencio del cielo dibujado por Vera se quedaron un millón de para siempres. Cuatro millones de ondulomil de mil millones de infinitos.

 

Frin quiso mirarla, corrió su brazo y levantó despacio su cabeza. Volteó hacia ella. Alma también quiso mirarlo. Se quedaron. Ojos muy cerca de los ojos de cascabelito lindo. Muy cerca de la nariz que está cerca de la nariz de los ojos de cascabelito cascabelito lindo. No fue que Alma se acercó, sino que algo profundo y sencillo se le aflojó adentro. Frin se inclinó hacia adelante y cerró los ojos. Alma cerró los ojos y se inclinó. Frin sintió, delicadamente, los labios de Alma con sus labios. Primero Frin sintió, delicadamente, los labios de Alma con sus labios. Luego, Frin sintió a Alma con sus labios, y  Alma sintió a Frin con los suyos. Y eso era un beso."

 

 

                                                                                                 :)

 

 

 

 

 

 

 

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